“TÍO, ¡NO TE COMAS ESE PASTEL!” — SUSURRÓ LA PEQUEÑA MENDIGA… Y EL MILLONARIO SE QUEDÓ HELADO AL DESCUBRIR LO QUE SUCEDÍA. ¡NO TE LO PUEDES PERDER!

Durante una cena romántica en un restaurante de lujo, un millonario es sorprendido por una niñita sucia y asustada que entra corriendo al salón y le susurra algo impactante:

“Tío, ella envenenó tu pastel.”

En cuestión de segundos, todo cambia. Él intercambia los platos y horas después sucede algo que lo deja en shock.

Esa noche todo parecía perfecto. Ramiro había planeado la cena con cuidado. Reservó la mejor mesa del restaurante más exclusivo de la ciudad, uno de esos lugares donde ni siquiera los meseros levantan la voz y cada plato parece una obra de arte. Llevaba un traje oscuro a la medida, su reloj de lujo brillaba bajo la luz cálida del salón, y todo en él gritaba que era un hombre exitoso.

Jimena, su novia desde hace casi un año, lucía espectacular: vestido rojo, tacones altos, maquillaje impecable y esa sonrisa que a Ramiro siempre le parecía irresistible. Se sentaron frente a frente, rodeados de copas de cristal y manteles blancos, sin una sola arruga. Él la miraba embobado mientras ella hablaba de sus planes para el verano, de una escapada romántica a Europa o tal vez a las playas del Caribe. Ramiro apenas escuchaba los detalles, pero asentía con la cabeza, encantado con la idea de pasar más tiempo con ella.

Todo se sentía bien, cómodo, tranquilo. Incluso el pastel que habían pedido de postre ya estaba sobre la mesa, decorado con frutas y crema, tan bonito que daba lástima cortarlo. Era la típica noche en la que uno se siente afortunado.

Pero justo cuando Ramiro iba a tomar el tenedor para darle el primer bocado al pastel, algo cambió. El ambiente se rompió como si alguien hubiera reventado un globo. Una niña de unos 7 años apareció de la nada entre las mesas. Estaba sucia, descalza y con la ropa hecha trizas. Nadie sabía cómo había entrado. Los meseros se quedaron paralizados, y un par de clientes la miraron con cara de asco, como si su sola presencia arruinara la elegancia del lugar.

Ramiro también la miró desconcertado. La niña se acercó directo a su mesa, sin miedo, con los ojos bien abiertos, como si no le importara lo que pensaran de ella. Cuando estuvo justo al lado de él, habló bajito, pero con fuerza suficiente para que solo él la oyera:

“Tío, ella envenenó tu pastel.”

Fue como si alguien le echara un balde de agua helada encima. Ramiro se quedó tieso, sin saber si acababa de alucinar o si esa frase había salido de verdad de la boca de la niña. ¿Qué había dicho? ¿Que Jimena había envenenado el pastel? ¿Eso era una broma, un juego raro, una trampa?

Antes de que pudiera decirle algo, la niña dio media vuelta y salió corriendo entre las mesas. Nadie la detuvo, nadie dijo nada. Era como si todo hubiera pasado solo para él.

Jimena se levantó segundos después. Sin notar nada raro, dijo que iba al baño y se fue con su bolso colgando del brazo, moviéndose con la misma elegancia de siempre. Ramiro se quedó solo mirando el pastel. Le temblaban las manos. Miró a su alrededor, intentando encontrar a la niña, pero ya no estaba. Pensó en levantarse, en salir tras ella, pero algo lo detuvo.

Volteó a ver el pastel otra vez. Recordó las palabras: “Envenenó tu pastel.” No sabía si creerlo, si pensar que era una locura, si solo era una coincidencia, pero algo en su estómago se revolvía. De repente, todo el encanto de la noche se había ido al demonio. Lo que antes era una cena perfecta ahora se sentía como una trampa.

Miró los platos, los cubiertos, la copa de vino todo respiró profundo y tomó una decisión sin hacer ruido cambió discretamente los platos puso su pastel en el lugar de Jimena y el de ella frente a él nadie lo vio no fue difícil lo hizo en menos de 10 segundos luego se recargó en la silla y fingió que nada había pasado jimena regresó con una sonrisa y preguntó si ya había probado el postre ramiro negó con la cabeza y le dijo que estaba esperándola ella se sentó tomó el tenedor y empezó a comer sin dudar ramiro la miraba con el corazón a 1000 por hora ella hablaba como si nada le hacía bromas le decía que el pastel estaba
delicioso que debían pedir otra copa de vino él apenas podía contestar solo pensaba en lo que acababa de hacer y si la niña tenía razón y si Jimena de verdad había puesto algo en el pastel ¿por qué ¿para qué ¿quién era realmente esa mujer con la que había compartido tantos momentos en el último año ¿qué había estado pasando sin que él se diera cuenta no podía dejar de mirar su rostro su sonrisa sus gestos todo parecía tan normal tan real pero ahora había una duda metida en su cabeza como una espina imposible de
sacar trató de mantener la calma se forzó a comer aunque cada bocado le sabía a plomo pensó en mil cosas al mismo tiempo quiso parar la cena irse corriendo pero también necesitaba respuestas ¿y si todo era una confusión ¿y si alguien quería jugarle una mala broma el resto de la cena fue una mezcla de tensión y sonrisas fingidas jimena nunca notó nada raro ramiro hizo todo lo posible por disimular aunque por dentro sentía que se estaba volviendo loco no dijo nada sobre la niña no preguntó nada esperó a que terminaran y pidió la cuenta al salir del restaurante Jimena

se colgó de su brazo como siempre sin sospechar que algo había cambiado ramiro no sonríó caminó en silencio hasta el auto mientras su cabeza seguía dando vueltas la imagen de la niña no se iba esa cara llena de miedo esa voz temblorosa esas palabras que no podía sacar de su mente tío ella envenenó tu pastel ramiro se quedó mirando el pastel como si fuera una bomba a punto de estallar tenía el tenedor en la mano pero no podía mover los dedos el restaurante seguía igual la música suave de fondo la gente riendo bajito en otras mesas los meseros yendo
y viniendo como si nada hubiera pasado pero para él todo se detuvo sentía que el corazón le golpeaba tan fuerte en el pecho que cualquiera lo podía oír no entendía lo que acababa de pasar una niña que apareció de la nada con la cara llena de tierra y los pies descalzos acababa de decirle que su novia había envenenado su pastel así de golpe sin rodeos lo dijo mirándolo a los ojos y luego desapareció como si se la hubiera tragado el suelo era absurdo increíble pero también tan directo que no podía ignorarlo jimena seguía en el
baño él tenía segundos para reaccionar no pensó mucho solo actuó tomó el plato de ella y lo puso frente a él luego tomó el suyo y lo movió al lugar de Jimena trató de que no se notara pero sus manos temblaban tanto que la copa de agua casi se cae al moverla se quedó mirando los platos como si fueran una trampa y si la niña solo estaba jugando y si alguien más la mandó para arruinarle la noche ¿y si simplemente había escuchado mal pero no él lo había oído bien esa frase retumbaba una y otra vez en su cabeza tío ella envenenó tu pastel ningún niño se inventa algo así
sin una razón no con ese tono no con esa mirada pasaron 2 minutos tal vez tres el tiempo se sentía más lento ramiro se estiró un poco giró la cabeza buscó a la niña por todo el restaurante no estaba nadie parecía haberla seguido ni los meseros ni el guardia de la entrada ni siquiera los clientes más cercanos como si nunca hubiera entrado era real fue un delirio alguien más la vio se levantó apenas un poco para asomarse entre las mesas con la esperanza de verla salir corriendo por alguna puerta nada el lugar seguía como siempre tranquilo fino
silencioso como si todo eso no tuviera sentido ahí dentro cuando Jimena volvió del baño Ramiro ya estaba otra vez en su lugar tenía la cara pálida pero sonríó fingió que todo estaba bien ella se acomodó el cabello se sentó le lanzó una broma sobre lo elegante que estaba el lugar dijo algo del espejo del baño de una señora que le preguntó por su labial él apenas la escuchó se obligó a poner atención no podía actuar raro no quería que ella sospechara la vio tomar el tenedor y hundirlo en el pastel sin pensarlo lo llevó a su boca masticó
sonró dijo que estaba buenísimo que el chef sabía lo que hacía ramiro fingió reír tomó su tenedor también cortó un pedazo del pastel que tenía ahora frente a él pero no se lo llevó a la boca lo dejó en el plato dijo que quería dejar espacio para el café ella no le dio importancia él pensaba en la niña en esa cara chiquita llena de miedo pensaba en cómo lo había mirado como si le estuviera dando la última advertencia jimena seguía hablando dijo algo del fin de semana que podrían ir a Valle de Bravo quedarse en una cabaña ramiro solo asentía con la cabeza por dentro estaba hecho un lío

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