Ninguna criada sobrevivió con la nueva esposa del multimillonario, hasta que una nueva criada hizo lo imposible.
“¡Torpe idiota!”
El seco crujido de una bofetada resonó por el pasillo de mármol.
Olivia Hughes, la nueva esposa del multimillonario, lucía un brillante vestido azul, con los ojos encendidos, y la mano aún apretada contra la mejilla de una joven criada con un impecable uniforme azul y blanco. La criada, Aisha Daniels, hizo una mueca, pero no se apartó.
Detrás de ellas, dos empleadas mayores se quedaron paralizadas por la sorpresa. Incluso Richard Sterling, el mismísimo multimillonario, a mitad de la amplia escalera, la miraba con incredulidad.
Las manos de Aisha temblaban mientras sujetaba la bandeja de plata que había traído momentos antes. Una taza de té de porcelana yacía rota sobre la alfombra persa. Había derramado té, apenas una salpicadura, en el borde del vestido de Olivia.