¿Alguna vez has notado una banda ligeramente elevada en tu muñeca cuando tocas tu dedo meñique con tu pulgar? Este detalle aparentemente insignificante revela un vínculo fascinante con nuestro pasado evolutivo. Descubra por qué algunas personas conservan este vestigio y otras no.
Huellas de evolución en nuestro cuerpo: pistas enterradas en nuestros músculos y tendones
La evolución humana deja huellas asombrosas en nuestros cuerpos. Tomemos como ejemplo el palmar largo, un músculo ancestral que en su día fue esencial para los primates arbóreos. Este músculo les permitía moverse ágilmente de rama en rama. Hoy en día se ha vuelto inútil para el hombre moderno y su tendón tiende a desaparecer en una parte de la población.
Una prueba sencilla para revelar tu pasado evolutivo
Para saber si todavía tienes este tendón, prueba esta prueba:
Coloque el antebrazo sobre una mesa, con la palma hacia arriba.
Toca tu dedo meñique con tu pulgar mientras levantas ligeramente la mano.
Si aparece una banda en el centro de tu muñeca, has heredado este viejo tendón. Si no aparece nada, tu cuerpo refleja una adaptación continua.
¿Por qué perdemos ciertos rasgos?
Un legado de primates arbóreos
Nuestros antepasados, como los lémures o algunos monos, utilizaban este músculo para trepar y desplazarse por los árboles. Con el tiempo, los humanos y los primates terrestres, como los gorilas, abandonaron esta función innecesaria. Hoy en día, entre el 10 y el 15% de los humanos ya no tienen este tendón, lo que marca un punto de inflexión en nuestra evolución.
Un cuerpo que se adapta al estilo de vida moderno