Ninguna criada sobrevivió con la nueva esposa del multimillonario, hasta que una nueva criada hizo lo imposible.

En ese momento, Richard apareció en el umbral, alertado por el grito de su esposa. Su rostro palideció al ver la escena: Olivia con el álbum en las manos y Aisha allí, en medio del estudio.

Olivia se giró hacia él, con los ojos inyectados en sangre. “¿Es ella, Richard? ¿Isabela? ¿Y… nuestro hijo?” Su voz se quebró al pronunciar la última palabra.

Richard bajó la mirada, incapaz de sostener su acusadora mirada. El silencio se hizo denso, cargado de secretos y dolor.

Fue entonces cuando Aisha habló, su voz firme y clara resonando en la habitación. “Vine aquí buscando la verdad sobre la desaparición de mi hermana, Isabela. Ella era la mujer de estas fotografías.”

El impacto de sus palabras fue palpable. Olivia retrocedió, con el rostro descompuesto. Richard finalmente levantó la vista, con una mezcla de sorpresa y remordimiento en los ojos.

La verdad, largamente oculta tras los muros de la hacienda, finalmente había sido revelada. La nueva criada, movida por el amor fraternal y la sed de justicia, había hecho lo imposible: desenterrar los secretos de una familia poderosa y rota, exponiendo las heridas del pasado que amenazaban con consumirlo todo. El futuro era incierto, pero una cosa era segura: nada volvería a ser lo mismo en la imponente mansión mexicana.

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