No todos los sectores están de acuerdo con estas disposiciones. Mientras algunos especialistas en seguridad vial destacan que las nuevas reglas contribuirán a reducir los accidentes, diversos colectivos de adultos mayores consideran que estas medidas pueden ser una forma de discriminación por edad. Señalan que muchos conductores de 70 años o más conservan plena capacidad, mientras que existen personas más jóvenes que también representan un riesgo en las carreteras.
A pesar de las críticas, los defensores de las regulaciones insisten en que la prioridad debe ser el bienestar de todos los usuarios de la vía, incluidos peatones y ciclistas. Además, sostienen que, al aplicar evaluaciones personalizadas, se evita generalizar y se atiende a cada caso de manera individual.
Para los adultos mayores, adaptarse a estas exigencias puede resultar un desafío, pero también una oportunidad. Mantenerse en buena condición física, realizar ejercicio regular, seguir una alimentación equilibrada y participar en cursos de conducción defensiva son algunas de las recomendaciones para conservar la seguridad al volante. De igual forma, explorar alternativas de movilidad como transporte público, servicios de viajes compartidos o el apoyo de familiares puede servir de complemento ante posibles restricciones.
En definitiva, el acto de conducir es mucho más que una simple actividad cotidiana: para millones de adultos mayores representa autonomía, conexión con el entorno y calidad de vida. No obstante, los nuevos requisitos para mayores de 70 años reflejan la necesidad de encontrar un equilibrio entre la independencia personal y la seguridad colectiva. Mantenerse informado, cumplir con las evaluaciones y adoptar hábitos saludables son pasos clave para que los conductores mayores sigan disfrutando de la carretera sin poner en riesgo a nadie.